Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Siesta/Escuela de magas/No sabrías

Siesta

Reclinado en tu regazo tus manos acariciaban mi rostro adormecido, soñaba que estabas en el mío y te sentía respirar.

Escuela de magas

Acaba de inaugurarse en París un local para hacer magas como la de Rayuela. A cada muchacha se le enseñará a romper los puentes al cruzarlos y a llorar a gritos cuando algo les salga mal. A continuación deberán adelgazar para parecerse a la susodicha y hallar por casualidad a personas de paciencia infinita como Oliveira. Ocurre que los parisinos no las soportan.

No sabrías

¿Te ríes del dolor cuando lloras de placer?

 José Francisco Costa Medina  (Fran Smith)

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13 febrero 2011 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

Trilogía de la verruga

 Maestro  de  verrugas

Érase una  vez un hombre unido a una verruga, sellaba su rostro una excrecencia  enorme y deforme como la isla de Madagascar. Instalada en su mejilla izquierda, la erupción tuvo que aguantar durante años besos equivocados, miradas contemplativas y humos de cigarrillos que de alguna forma trataban de cocerla poco a poco hasta que se fuera.

Señor de la paciencia, el pobre Juan Ramón tuvo que aguantar resignado su textura rugosa, la afición a su carne, sus eternos silencios y sobre todo su fijación obsesiva a no quererse ir por las buenas. Fruto de eventuales rascadas, fluía de la misma una ínfima cantidad de sangre.

Premio a su paciencia, cuando se operó y la verruga se fue, dejó en su rostro una leve mácula en forma de cicatriz en cuyo surco ya sólo cabe una lágrima. Expulsarla de su rostro no era sino una forma existencial de enseñarle que allí no tenía por qué estar y que a sus futuras compañeras les haría lo mismo.

Ahora, cuando lo veo, echo de menos la verruga, al mismo tiempo que veo cómo la leve cicatriz se curva en su templada mejilla cuando sonríe. Como solemne acto de memoria histórica, si le voy a coger el moflete, le cojo el de la otra mejilla por si acaso se mosquee.

 

Historia de la paciencia

Hola, yo soy “el de la verruga”. Me empezó a salir a los 16 años y me la vine a operar a los 46 para quitármela; fue hace un año. Lo que me salió en la cara se opera fácil; ya no es ciencia, es paciencia para que me den cita con el cirujano en la Seguridad Social. Sí, lo digo porque me decidí a quitármela a los 43 por miedo a que fuera maligna y se fuera a reproducir de nuevo. La verdad es que antes ligaba más, porque la gente se me acercaba para mirarla: actuaba como una especia de reclamo social. Cuando hablo con Fran me comenta que quiere escribir algo sobre mi historia y me parece bien. La verdad es que estaba harto de hurgármela, coño. A ver si me sacan de una vez en un programa de Televisión Canaria.

 

Ella también habla

Hola, yo soy eternamente silente, microorgánica, lenta en aparecer y mucho más en marcharme. También soy discreta pero tengo el gran defecto de mi horrorosa fealdad. Me genera un virus que me hace transitar de las pieles de unas personas a las de otras. Prefiero ubicarme en las caras, para ser más conocida. Además así, por pequeña que sea, me entero de posibles secretos de Estado si estoy en la cara de algún político.

Sinceramente, cuando me instalé en la cara de Juan Ramón pequé de indiscreción, porque era enorme. A veces menstruaba cuando él me rascaba, pero eran flujos leves en cantidad y de un rojo claro que apenas se notaba.

Al final acabé haciendo la promoción de unos anticonceptivos de producción masiva. Véase:  preservativos “La verruga”, ni se encogen ni se arrugan.

 

Epílogo

¡Y yo Señor Todopoderoso, os mando verrugas para que es entretengáis, para medir vuestra paciencia!  ¡En un acto de benevolencia ya no os mando la peste o el SIDA, ahora esto para que os cojáis la vida con más Filosofía!  Entretanto me voy  pensando lo que os mandaré más tarde, no sé, no sé yo…

José Francisco Costa Medina  [Fran Smith]

24 enero 2011 Posted by | Cuentos, General | , | Deja un comentario

Solitatum

          De   la   forma  que  yo  siempre  había   querido   ya   casi   había  logrado vivir,   tan  solo  mi   propia   sombra   me   advirtió   al   final  de  que  me  había  pasado   un   pelín.

         Empecé  mi  peculiar  procedimiento  pasando   de  la  gente  que  había  conocido hasta  aquel  momento; una  de  aquellas  personas  era  una  chica  despampanante  de aquí, de  Las Palmas, llamada  Angelina.  Su  último  saludo  con  gesto  de  desprecio  fue  la  gota  que  derramó  el  vaso  y   me  hizo  decidirme  a  hacer  lo  que siempre  me hubiera   gustado  para  encontrarme  únicamente  conmigo  mismo  y,  por  ende,  con  mi propia  sombra,  aquella  parte  de  mi  ser  que  creía  yo  que  era   para  mí   fantástica   porque  pensaba  que  jamás  me  iba  a  traicionar.

        Disfrutaba  ya  tan  solo  de  estar  solo,  teniendo  casi  como  única  labor  mi  actividad  de  escritor  y  así  era  yo  más  feliz  que  un  gato  en  una incubadora.  En aquella   época  me  hallaba  yo  escribiendo  un  relato,  ” Jaque  a  los  mecanismos de ella”,  inspirado en  la  propia  Angelina.  Allí  contaba  con  pelos  y  señales  como  había  terminado  de  quitármela  de  encima  antes  de  que  hiciera  lo  mismo  conmigo: un  simple  mecanismo  minimalista  que  me  hacía  retroceder  a  mayor  velocidad  que ella para  no  llevarme  yo  el  chasco,  se  redujo  luego  a  un  no  saludo  y  así  le  obsequié  con   una  intencionada  bofetada  sin  manos  y un  trauma  sin  quererlo.  Fue  así, conmigo, como  ella  conoció  la  espantosa  ciencia  de  la  mente;  la sombra de su tristeza era  para  mí   la   verdad   y   la luz.

          Pero, al  final,  con  tanto  escribir  para  desquitarme  de  mis  anteriores  vinculaciones   existenciales  una  noche me  encontré  con  mi  propia  sombra.  La   sombra  era  todo mi  ser   y  me  absorbió   hasta  el   punto  de  que  ya  no  sentía  ni  veía  mi  cuerpo y   apenas   podía  utilizar  ninguno   de   mis   sentidos,   sensaciones  que  me  hicieron  desear  volver  de  nuevo  a  mi  materia  corporal.  Entonces  fue  cuando  sentí  unas  enormes   ganas   de  dormir,  y  me  ví  inmerso  en  un  gran  y   profundo  sueño.  Soñaba  la  escena  dialogante  entre   mi  sombra  y  yo :

 -No  puedes  liberarte  de  todo  lo  que  te  une  a  este  mundo   –dijo  la  sombra.

-Es  que  yo  pensaba  que  así  sería  del  todo  feliz  –dije yo. 

-Al  no desear  nada  de  este  mundo  sino  escribir  no  puedes  definirte  en  un  cuerpo real –dijo  la  sombra.

 -Es  que  no  he  encontrado  lo  que  busco  en  el  mundo  real  –dije  yo.

-Ya  lo  encontrarás,  yo  lo  pondré  en  tu  camino,  siempre  y  cuando  te  des  cuenta  de  que  tú  tienes  algo  valioso  que  dar,  algo  que  no  existe  en  nadie  más  –afirmó la    sombra.

-Pensaba  que  yendo  a  contracorriente  de  todo  hacia  mí  mismo  lograría algo positivo  de  esta  existencia  –exclamé  yo.

 

-Estás  en  este  mundo  para  dar  y  recibir,  en   ese   eterno  fluir  y  refluir  jamás  te     podrás  aislar  hacia  lo  absoluto  –continuó  certera  la  sombra.

     A continuación desperté de aquella majestuosa pesadilla. Estuve más de un mes sin volver a soñar nada y aunque conocí a otra chica jamás volví a ver ni a mi a sombra ni a Angelina. Aunque por consejo de aquella voz he cambiado hacia una actitud vital    más sociable y  positiva,  en  las  noches  de  luna  llena  me asusta  todavía  la  idea  de  que  mi  sombra  pudiera  volver  a  aparecer.

 José Francisco Costa Medina (Fran Smith)

6 diciembre 2010 Posted by | Cuentos, General | , | 2 comentarios