Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Libre para elegir/El frutero y los siete rumores/Diálogo de bueyes

Libre para elegir

No está impaciente, esto no ha pasado. En libertad sin cargos, se disponía a ser Jacinto nuevamente. Llegado el momento, recogió de su celda los recuerdos en pedazos. Tras cruzar las mamparas, se encontró con él y se encontró con  abrazos, con palabras de justicia, con besos en cualquier lado de la cabeza, con sonrisas mezcladas en lágrimas y con un vamos, cariño. Al llegar a la puerta le derramó a su mujer su deseo más inmediato: quiero encerrarme en casa.

El frutero y los siete rumores

Es la mayor injusticia desde que los cuentos son cuentos. Un frutero honrado, que suministra a todo el Valle Encantado su correspondiente fruta hasta en las oscuras ciénagas no merece este trato. Y todo por esa vieja con lengua de serpiente. Por amor de la fantasía, mis manzanas son buenas. Podéis probarlas. ¿Qué culpa tengo de que una maligna vieja bruja me comprara manzanas? Fue ella, fue ella.

Diálogo de bueyes

-¿Cómo estas?

-Tirando.

 Jose Suárez

 

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13 febrero 2011 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

El pasillo blanco

Qué hago esperando. No sé si tengo que decir algo o entenderlo. Qué blanca la pared, ¿qué hago sentado en este banco?, espero por un juicio o algo similar. Seré testigo, imputado, acusado, culpable, cárcel, a la cárcel no, no he hecho nada malo pero tampoco sé qué hago en este pasillo blanco de juzgado, para ser un juzgado no veo a nadie con toga eso es en las películas ¿van con toga en los juzgados? Ni idea, además no sé siquiera si es un juzgado, parece la consulta del dentista el empaste pero mira tú menuda historia esta, sea lo que sea un juzgado o un dentista no me gusta estar aquí no esperaré a averiguarlo, mejor me levanto y me voy si viene alguien a decirme algo, mejor, así me entero que diablos hago aquí. ¿Dónde está la puerta?

Jose Suárez

24 enero 2011 Posted by | Cuentos, General | , | 1 comentario

La madre de Cronos

Seis de la mañana. El despertador, inoportuno, destruye el negro silencio de la habitación. Sale de la manta un quejoso rumor que anticipa una mano, un dedo, torpe verdugo del sonido digital. No recuerda cuándo se quedó dormido pero a su lado descansa un libro de filosofía que le comentó algo del espacio, también del tiempo y la inexistencia de ambos. Con un solo ojo mira el maldito reloj. Lamentos de su suerte. Seis y un minuto.

No se había parado a pensar que el tiempo lo esclaviza. Giran irremediables las agujas, se le va la vida, la única que tiene. Se da cuenta que  se preocupa demasiado por puras nimiedades. Su mente decide quedarse en negro. No hace falta parar algo que no existe y si piensa, existes luego el pensamiento no lo detengo. Hoy amanece en su vida sin horas. Lúcido saborea gustosamente un autentico desayuno inglés. Se escucha un canto. El gallo sí que está autorizado a despertar, y los pájaros, y los niños. Las cataratas de su baño arrancan de su cuerpo desnudo segundos de placer, le resbala el agua que cree de manantial. Mmmm… el agua donde todo comenzó en un instante, o quizás en dos. Desnucaría al cuco antes de irse, pero no quiere perder eso que no es porque no existe. Sale de su casa. Mira el cielo: no es de día, no es de noche, sí hay sol, sí hay luna. Se para. Los contempla derramando minutos, es una imagen digna de imaginar mientras camina hacia su carroza pues jamás serán las doce.

No ha llegado tarde al trabajo aunque la cara de su superior parece indicar otra cosa. Teclas y papeles, que antaño, que antes, fueron cómplices del caer de la arena, lenta, como mojada, hoy serán horas de concentración necesariamente forzadas. No hay que darle más vueltas. Es un instrumento, un instante en el discurrir por el mundo, tiene que comer y sin embargo no es excusa para dejar de aprovechar el momento, de dejarse vivir hasta volver a la carroza. Sin embargo, llega un momento en que cree que está bien de labores productivas, recoge, se levanta y ondula entre las mesas de los extrañados compañeros ganando la salida. ¿Y este que hace?

Enciende su carruaje, flota en el asfalto, llega hasta la morada de su damisela. Toque del claxon. Luz en la ventana, luego en el portal, deslumbra al ocupar su asiento y fuego en la cama. Manta, sabanas, almohadas, cama. Son las seis y cinco de la mañana.  

Jose Suárez

 

3 diciembre 2010 Posted by | Cuentos, General | , | 6 comentarios

Una copa de vino

Hace tiempo que veo a mi padre preocupado. Pasea y pasea por los viñedos, ahí está. Segunda vuelta. Con Jacinto, su Sancho Panza. Me estoy dando cuenta que tiene más pelo blanco que negro; le vendría bien un tinte. Eso sí, su vasito de vino todos los días no falla, “de mi cosecha”. Sobre todo el de La Barrica. No hay quien toque ese vino sin su permiso. Es la joya de la corona. Adora lo que hace. Cuarenta años, sus vinos. Me sé de memoria la historia. Jacinto y él, al golpito. Mi viejo padre. Mira, pensando en él…

-Dime.

-Necesito que vayas a la bodega a la una y media, en punto, ¿eh?

-¿Para?

-Hijo mío, no preguntes. Sé que estás muy ocupado con los pedidos. Será un minuto.

-Vaaaaaaaale. A la una y media.

-Hasta luego.

-Hasta luego.

 

Qué raro. Cuánta solemnidad. Será una reunión con alguien. Voy a llamar a Francisco. Pues a él y a Ramón también los han citado. Muy raro, pero seguiré trabajando, que ya me enteraré.

Bueno, llegó la hora. Vamos a ver qué hay en este misterio. Seguro que está en el banco que está al lado de La Barrica.

 

-Hola, Jacinto, ¿cómo andas? No había hablado contigo en todo el día.

-Hemos estado liados.

-Sí, sí, liados… caminando por los viñedos.

-Ja, ja, ja… Sí. Pues lo que tú vendes está ahí, afuera, en la tierra. No te olvides. Estábamos discutiendo un asunto importante.

-¿Y mi padre?

-Ahora viene.

-¿Qué asunto tan importante es ese?

-Se trata de La Barrica. Vamos a comercializarlo. ¿Qué precio le pondrías?

-¿Precio? Ni en broma. Ese vino es más sagrado que el del cura, no tiene precio. ¿Mi padre quiere comercializarlo?

-Ni en broma, hijo.

-Papá, ¿qué haces escondido?

-Tu padre y yo hemos estando meditando jubilarnos. Y la decisión está tomada.

-Hijo mío, no has dudado ni un momento. Todo en esta vida no es el dinero. Tus hermanos te echarán una mano. Serás el nuevo director general.

 

Jose Suárez

 

 

21 noviembre 2010 Posted by | Cuentos, General | , | 2 comentarios

Dos cuervos y un hijo

En una lejana aldea vivía un rey. Un día, mientras paseaba pensativo alrededor del castillo, se encontró al hombre más sabio de la aldea.

-Dime, viejo sabio, cuál de mis tres hijos es el que merece heredar mi reino.

-Si quieres resolver tu dilema tienes que darme tu corona y enviar a tus hijos hasta mi casa.

El rey entregó la corona y de inmediato reunió a sus hijos. Estos quedaron perplejos al contemplar a su padre sin su corona.

-Mi reino es mi corona, y esta la tiene el hombre sabio; aquel de los tres que me la devuelva será el futuro rey.

El hombre sabio esperaba junto a un árbol, con un cofre en la mano cuando llegó uno de los hijos.

-Vengo a por mi reino.

-La corona de tu padre está en el cofre. Tienes tres intentos –dijo el sabio.

Confiado, el príncipe desenvainó su espada y asestó un golpe a la caja: ni un rasguño en la madera. Quedo extrañado. Sacó un cuchillo. Intentó forzarla: nada. Desesperado, lo agarró y lo tiró en un último intento. Suspiró, vencido.

-No soy merecedor de suceder a mi padre.

El segundo hijo se cruzó con su hermano en el camino y llegó hasta el árbol.

-Vengo a por mi corona.

-La corona de tu padre está en el cofre. Tienes tres intentos -repitió el sabio.

Confiado, prueba con unos polvos mágicos. Se quedó extrañado. Saca una vara de madera, la agitó al ritmo de unas palabras. Nada. Lo agarró desesperado y lo tiró en un último intento. Suspiró, vencido.

-No soy merecedor de suceder a mi padre.

El tercer hijo llegó hasta el árbol mientras su hermano se marchaba cabizbajo.

-Vengo a por la corona que es un reino para mi padre.

-La corona de tu padre está en el cofre. Toma la llave.

Jose Suárez

 

17 noviembre 2010 Posted by | Cuentos, General | , | 2 comentarios