Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Un sol particular

 

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un sol particular

A aquel perdido valle ni el sol llegaba, ni con la primavera los días lograban pasar de un tímido color gris.

Un hombre se despertó en su cama, miró por la ventana y para él lucía un sol espléndido en su día. No tardó en arreglar un poco la casa, abrir el picaporte de la puerta y salir al exterior.

Sabía que tenía que darse prisa, caminar rápido hacía el pozo del pueblo para ocultarse y esperar la visión que amaba, esos segundos de entrever el rostro de la muchacha que amaba.

Cerca del brocal se tomo un tiempo para observar a su alrededor y escoger un lugar para ocultarse. Eligió su posición detrás de un frondoso roble.

Nada más acabar de camuflarse entre ramas, percibió cómo la claridad amada venía hacía el agua. Supo que ése sería otro soleado día perfecto para él.

Andrés Sánchez Sanz

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

LOGO RALLYE

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Coja usted a la primavera, moldéela entre sus manos como si fuera a hacer una croqueta, apártela y déjese llevar por la alterada sangre.

Ignore el gris plomizo del atardecer que presagia lluvia; si es posible, déjelo reposar y más tarde ya se encargará de él. Aproveche ahora el tiempo que le va a quedar libre para coger todos los picaportes y limpiarlos convenientemente. 

No deberán ocultarse de los invitados los portarretratos familiares, aun a riesgo de recibir irónicos comentarios sobre los mismos.

El rostro es nuestra carta de presentación, por eso debemos mimarlo y cuidarlo con una mascarilla semanal como mínimo.

La pícara muchacha que le sonríe siempre que va a comprar el periódico, no lo hace por su encanto, sino porque la pobre es bizca.

Alrededor de la mesa del comedor debe colocarse ordenadamente la vajilla de forma que cada persona tenga a mano cualquier utensilio que necesite, en las comidas informales tipo lunch.

Detrás de cada mujer hermosa hay siempre un peluquero fiel que, como si de un confesor se tratara, la escucha con veneración.

Claridad, sobre todo mucha claridad, es lo más importante en una cocina: le ayudará a elaborar los platos más apetitosos y exóticos para enamorar a su amado.

Ana María Martín Glez.

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , , | Deja un comentario

El regreso (Logo-Rallye)

llave dorada

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La larga caminata le tenía exhausto. Aunque vislumbraba en el horizonte los muros de la ciudad y sabía que en unas horas estaría protegido, aceleró el paso, pues era primavera, una época en que en cualquier momento, se podía desatar una tormenta.

 Antes de lo esperado, se encontraba en medio del bullicio de las puertas de la ciudad. El ir y venir de las carretas y el gentío agolpándose a los puestos de los mercaderes le hicieron olvidar por un momento cuál era el verdadero motivo que lo había traído a esta ciudad.

 La gente al pasar a su lado no podía evitar mirarle. Aunque era un joven de buena apariencia, las miradas iban dirigidas a su vestimenta. Sobre todo a ese extraño y gris escudo de armas que se encontraba bordado en su cota de malla. Él se había acostumbrado a las miradas de los curiosos y por ello prosiguió su paso.

Conocía muy bien esta ciudad. La había visto en sus sueños. Una y otra vez, había recorrido estas mismas calles, incluso sabía que si cerrase los ojos podría llegar a su destino. Pero no hizo falta, pues se encontraba frente a él.

La puerta de la casa, tenía un extraño picaporte con forma de serpiente; el mismo símbolo que aparecía gravado en su vestimenta. La puerta se encontraba entreabierta, así que no dudo en entrar. En el interior todo estaba oscuro, pero pudo distinguir una figura tratando de ocultarse tras las cortinas.

Conocía las palabras exactas que debía pronunciar, lo había visto en sus sueños.

—No tengas miedo, puedes salir. Soy Élther de Crianté. No tienes nada que temer —dijo.

 Al oír ese nombre, un tímido rostro apareció tras las cortinas. Se trataba de una muchacha de apenas quince años, de largos cabellos y ojos de un azul intenso, que le resultaban familiares.

—¿Por qué irrumpes así en mi casa? Estás muy lejos de tu hogar, Élther de Crianté. —dijo la joven con voz autoritaria.

—¿Conoces mi hogar?

—Nuestro hogar, Élther —dijo sonriendo.

El joven Élther enmudeció por unos instantes. Luego exclamó:

—Entonces… ¿eres tú la portadora? ¿Tienes tú la llave dorada?

La joven asintió con su cabeza. Luego retiró de su cuello una cadena, en la que colgaba una brillante llave dorada y se la entrego a Élther, quien, tras observarla con gesto de satisfacción, se la colgó sobre su pecho.

En ese momento,  el símbolo con forma de serpiente que portaba su ropa cambió de color. Un rojo ardiente. Creyó ver como todo a su alrededor giraba, por un momento pensó que se iba a desmayar. Pero entonces, detrás de él sonó la voz de la joven, diciéndole:

—Ahora volverás a casa, Élther. Dale un beso a nuestro padre.

Élther se volvió bruscamente, pero ya era tarde, una claridad lo envolvió todo. Entonces supo que nunca más la volvería a ver, lo mismo que sabía que gracias a ella por fin regresaba a casa.

 César Socorro

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

Cuando un sueño muere (Logo-Rallye)

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  No consigue dar explicación a esta primavera. Ella me lo ha contado, no para de hablarme de sus sueños. Clarea el día, la veo entrar por la puerta acristalada de la oficina. Se dirige a mi despacho. Su rostro hoy, en contra de toda previsión, no se anuncia gris. Se abre paso entre mesas, compañeros, los buenos días, sillas, fotocopiadoras. Gira el picaporte sin llamar antes a la puerta; no es que me importe, al fin y al cabo nunca lo hizo de pequeña. Algo que caracterizó nuestra niñez fue que siempre me lo contó todo y ahora, después de tantos, continúo siendo su confesora.

 

  –Vaya, vaya, menuda cara traes, Cande.

  –Buenos días, ¿se me nota?

  –Vaya que si se nota. Cierra la puerta y cuenta, anda.

  –Pues verás, ¿recuerdas el sueño que te conté sobre Mario?

 

  Cómo iba a olvidarlo, lleva meses con ese maldito sueño y ese maldito Mario y Mario suspiros y Mario punto seguido y Mario punto y a parte y Mario puntos suspensivos.

 

  –…He vuelto a soñarlo… Verás, todo ocurre de la misma manera hasta que…

  –No me digas que estás así por un sueño.

  –Déjame terminar.

 

  El sueño es el mismo de siempre, en blanco y negro. Pasea por una ciudad costera, el pelo suelto y en continuo movimiento denota el caprichoso quehacer de una leve corriente de aire. A lo lejos reconoce una figura familiar, el sempiterno Mario aparece. Cande hace un intento por ocultarse, pero es un acto un tanto inútil ya que se encuentra en un terreno abierto. A todo esto, Mario es un hombre de buen ver que ha conocido hace unos meses. Resta decir que siente una enfermiza atracción hacia él.

 

  –Y fija esos dos ojazos en mí y soy incapaz de moverme y cada vez se acerca un poco y un poco y un poco más hasta que me toma de la cintura y contemplo la belleza de su rostro

  -Y te acaricia y sigues inmóvil y tú, muchacha romántica, te deshaces en su abrazo y te besa y todo alrededor toma color y os seguís besando y es entonces cuando te das cuenta que la persona que tienes delante eres tú misma y contemplas tus brazos y no eres tú, ahora eres él y…

  -Vaya, sí que te he machacado con el sueño. Sí, todo sucede de esa manera.

  -Es que eres muy previsible.

  -Bueno, ahora es cuando cambia la historia.

  -A ver sorpréndeme…

  -Cuando despierto, noto una respiración en mi espalda. Alguien suavemente me susurra, me abraza. Es él, que me despierta del sueño, ahora todo es real.

  -¡Qué perraca! Te has decidido, se lo contaste.

  -Sí, me dijo lo estaba volviendo loco, que desde que me vio soñaba conmigo, es más majo…

  -Vale, nos vemos al almuerzo y me cuentas los detalles.

  -Claro, gracias por escucharme.

 

  Y abandona mi despacho. La veo marchar, detrás de sí deja un sueño que muere porque se ha hecho real. La claridad termina de hacerse patente en esta estancia, la vida continúa imparable su ciclo.

Rayco Arbelo

20 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

Arabesco en Mi mayor (Logo-Rallye)

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Cuando llegaba la primavera solar y sus ojos volvían a abrirse, podía salir al fin de su refugio. Cazaba sonidos de aquí y de allá, mano en red, con los que luego, sesudamente en su laboratorio, componía nombres que darles a las cosas nuevas que le iban naciendo al planeta gris.

Aquella noche, ya muy tarde, al ver danzando la luna en el solitario picaporte, reparó en algo. Vio ocultarse las luces de neón tras la persiana, pero no logró dormirse sin dar mil vueltas. A la mañana siguiente su rostro reflejaba ya el cansancio de una pregunta imposible. De un día para otro varió su campo de acción, en su ruta de trabajo los valles y las playas fueron sustituidos por las montañas más altas, e igual de abandonada se sintió aquella muchacha que coleccionaba colores de peces, rocas y flores. Y por eso se fue, nadie supo entonces por qué.

Dicen que durante las semanas siguientes, desde el más potente telescopio del observatorio, pudo verse su nave dando vueltas y más vueltas, sin descanso, una y otra vez, alrededor de la Luna, entre Saturno y sus anillos, muy cerca incluso de Urano. Hasta que se le perdió la pista detrás del asteroide B 612. De repente, una extraña claridad arañó violentamente el cielo, encendiendo la noche. Al tiempo que se desataba aquella extraña melodía, al principio muy bajito. Era el sonido del universo.  Siempre estuvo ahí, pero sus notas sólo cabían en las cuerdas del silencio. Acaso un arabesco en Mi mayor.  

 Nayra Pérez Hernández

13 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , , | 2 comentarios

EXPERIMENTO Nº 68 (Logo-Rallye)

[Primavera, Gris, Picaporte, Ocultarse, Rostro, Muchacha, Alrededor, Detrás, Claridad]

Tras la figura silenciosa, la primavera toma a sangre y fuego el jardín, incendiando los arbustos y asaetando con dardos rojos, amarillos y azules las rosas y las azaleas. En lo alto de la tapia asoman belicosas columnas de feroces hormigas grises que terminan de desperezarse tras el paréntesis del invierno. La mano nívea del caballero acaricia el picaporte adornado con una cabeza de serpiente y abre la puerta de roble. En la oscuridad del caserón se ocultan murmullos y gorgoteos y el caballero, tras comprobar el bulto en el bolsillo de la chaqueta, aprieta las mandíbulas y, sorteando sombras que reptan, se dirige con paso seguro a la biblioteca. En una esquina del pasillo norte se detiene y observa con atención el rostro hermoso. Como esperándole, la muchacha duerme plácidamente en un sofá de la estancia oscura con ominosos libros forrando las paredes. Alrededor de los párpados cerrados y las largas pestañas se desparraman rizos de cobre. Para no quedar cegado si despierta, el caballero se desliza sigilosamente detrás del sofá, amartilla en silencio el revólver y dispara a través del mueble hasta vaciar el cargador. El cuerpo cae al suelo como un suspiro y sus labios inertes se entreabren liberando de su jaula dorada el canto de los mirlos, la risa de los niños, las caricias, los besos, las auroras boreales, el ronronear de los gatos, las noches con luna llena, el frescor de las olas chocando en playas de arena amarilla, la primera claridad de la mañana, el Opus nº 35 para piano de Mozart y el tacto suave del terciopelo, que escapan por las rendijas de puertas y ventanas y blandamente vuelven a inundar el universo.

Antonio Vega

12 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , , | 3 comentarios

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[Primavera, Gris, Picaporte, Ocultarse, Rostro, Muchacha, Alrededor, Detrás, Claridad (y viceversa)]

Es lo que tiene la primavera, a medida que se va acercando. Voy renovando vestuario o apañando el del año anterior. Que si un corte aquí, que si un volante allá, que si le pongo tiras. Todo este trabajo para no parecer tan gris, tan viuda. ¡Ay! mi Paco. Y parece que fue ayer cuando de novios y sin que mis padres se enterasen, me espiaba tras el picaporte de la ventana, cuando me desvestía y vestía con la ropa de paseo. Acostumbrado a ocultarse de tantas cosas y sin necesidad de hacerlo después, lo seguía haciendo, nos gustaba así, despertaba el deseo, el morbo, la pasión en su rostro de jubilado, añadía emoción a nuestras vidas. Yo, prohibida, él, dispuesto a poseerme a cualquier precio. No, ya no soy la muchacha de antes, aquella que tenía siempre alrededor a jóvenes apuestos y simpáticos, ya no soy aquella que siempre miraba detrás de la iglesia buscando a Paco. Se ve todo muy distinto con la claridad que dan los años.

Cuánta claridad. Todavía me sigo desvistiendo y vistiendo de paseo, esperando encontrar a Paco detrás de la ventana. A mi alrededor ya no vuela nadie, porque ya no soy la muchacha pícara y seductora que era, porque Paco se fue, aunque no del todo. Y aunque tengo el rostro que merezco, sé que no servirá de nada ocultarse, que he de girar el picaporte y salir al encuentro de la vida, que aunque mi pelo sea gris, mi corazón es rojo, aún me quedan algunas cosas por vivir, y eso, es lo que querría mi Paco.

A medida que se va acercando, es lo que tiene la primavera

Cesáreo Pérez Navarro

12 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , , | 5 comentarios

Infortunio de un bebedor indebidamente enamorado (Logo-Rallye)

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Esta primavera se presenta voluptuosa, con imaginación exuberante, hinchando todo lo que toca con sutil exquisitez. Pero también tenía días sombríos, como cuando aparecía en escena ese  hombrecito gris, de grasienta cabeza de picaporte.

Este hombrecito ensombrecedor de primaveras continuamente trataba de ocultarse,  aunque  siempre  lo delataba ese olor  a vino que llevaba pegado en su cuerpo. Sobresalían en  su rostro afeado unos ojos saltones con  mirar de sapo mareado.

El tambaleante hombrecito   se recreaba  contemplando a la hermosa muchacha que vive alrededor de la placita de los Imposibles, en una casita olorosa a dicha, justo detrás de la taberna con   hondas barricas de roble llenas de espumosos vinos.

Una tarde, la muchacha, cansada de tanto ser mirada,  esperó al etílico  enamorado cerca de la taberna,  y  lo acribilló con balas de olivas negras y,  así aceitunado, lo arrojó al vinoso lago.   Inmediatamente la claridad  se adueñó del paisaje.  Ni la primavera ni la muchacha le guardaron duelo.

Patricia Rojas de Leunda

7 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | 3 comentarios