Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

El encuentro

-¿Te gusta así? –dijo ella.

-Sí, poco a poco. Sin prisas como si el mundo se detuviera y sólo permaneciéramos los dos en él.

Compartían la cama de una habitación en una gran ciudad. Se habían conocido tres semanas antes.

-Es como una explosión seguida de una brisa marina que te besa, que te acaricia, que te llena, que te vacía, continuó ella. Me encuentro en los mundos de Yuppi.

-Ja, Ja, Ja, eso es bueno -dijo él.

-Sí, es  una sensación placentera. Es estar llena de ti.

-Yo también me siento lleno y feliz, por ti y por mí.

-Esta sensación de plenitud, de sentir al otro fundiéndose contigo es indescriptible.

-Sí, te da seguridad y confianza en el otro, en ti mismo.

-Es una completa comunicación. Sin palabras, sólo con caricias, con besos, con abrazos, con esa sensación de que eres única. Qué bueno sentir el ahora, sin ataduras, sin límites.

Ella sabía que la relación la compartía con otra persona. Pero un asalto rápido al pensamiento le hizo preguntar: “¿Crees en la pareja estable?”.

-Ahora hay un círculo grande, respondió él, poco a poco se irá cerrando si las cosas fluyen. Es como un árbol lleno de frutas. Al principio vas cogiendo las más maduras, luego las verdes. Cuando el tiempo transcurre, eliges una verde y sientes que debe madurar contigo. Solos la fruta y tú.

Continuaron con los cuerpos entrelazados, compartiendo besos, caricias, abrazos….

Loly Castro García

18 mayo 2009 Posted by | Cuentos, General | , | Deja un comentario

El sacho

Mi familia se dedicaba a las labores del campo. Vivíamos en una pequeña aldea. Allí mi padre trabajaba las tierras para poder subsistir. Se levantaba temprano y le dedicaba casi todo el día.

Un maravilloso día, la suerte lo acompañó y se encontró un sacho.

-Te ayudaré a realizar tu trabajo -le prometió el sacho.

Mi padre estaba muy agradecido. Así podríamos pasar más tiempo juntos, toda la familia, hablando, jugando, disfrutando.

Pero un desafortunado día el sacho desapareció. Mi padre se sintió contrariado y se fue a dar un paseo por la aldea. En el camino se encontró a un vecino.

¿Qué tal estamos?

-Bien –le contestó el vecino. Ahora trabajo menos y le dedico más tiempo a mi familia, hablando, jugando, disfrutando.

Loly Castro García

29 marzo 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario