Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Microrrelatos

LAS CALABAZAS

No quería ser la hermanastra mala y fea del cuento, la que se queda compuesta y sin novio. De modo que le pidió a su madre que nunca volviera a casarse y que le diera su parte de la herencia.

Contactó con el mejor cirujano plástico del país y se puso en sus manos. Pagó clases de interpretación y dicción, se puso en manos de psicólogos. En dos años se había convertido en una bella joven llena de ilusiones, de esperanzas y de buenos modales. Estaba preparada para que el príncipe azul se fijara en ella y la convirtiera en su esposa. Y cuando llegó el momento, el baile anual, tan preparada estaba que se dio cuenta que ella merecía algo mejor. Que un príncipe azul era poca cosa para ella. Así que salió corriendo escaleras abajo mientras imaginaba su nueva vida, llena de aventuras y de viajes, llena de hombres y no de príncipes que terminan siendo calabazas.

SILENCIOS

Ella se sentía en medio del silencio. Silenciando silencios que rompían los pensamientos. Pensamientos que silencian la realidad y el sufrimiento.

Sufrimientos que no se dejaban silenciar. Ella quería formar parte del silencio, sentía que quería callar para siempre.

Mariola Bautista

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | 1 comentario

CONCLUSIONES EQUIVOCADAS

No tenía ni idea de que le gustaba escuchar a Dvorak, Brahms, leer a Neruda y Shakespeare e interpretar a Dorian Gray en la obra de Wilde entre otras cosas. Claro que era lógico que no lo supiera, puesto que nunca hemos hablado de ello.

Es imposible que sepas los gustos de una persona, ni sus aficiones si no entablas conversaciones de esos temas con ella.

Yo di por supuestas muchas cosas y qué equivocado estaba. Basé mis diagnósticos en análisis sesgados que me llevaron a deducciones inconclusas pero que yo di por correctas.

Lleno de tatuajes, con el pelo rapado y vestido de aquel modo, quién iba a imaginar que su interior estaba lleno de tanta paz y tanto gusto por las artes. Cierto que hablaba poco, así que yo deduje de sus mínimos comentarios que lo que le gustaba era la música heavy, salir hasta altas horas de la madrugada y pasar de todo, y que estaba viviendo un momento difícil en el que luchaba con su yo interior.

Qué equivocado estaba.

Yo, profesor universitario, que he leído e interpretado a los grandes de la literatura universal, que asisto al teatro una vez en semana, que disfruto y participo de buenos debates acerca de las nuevas tendencias, de los nuevos talentos, tenía mucho que aprender.

Me había dejado llevar por un exterior, sin más. Apenas había observado un poco más allá, fue más fácil emitir un juicio.

Así que, después de esa experiencia descubrí que ni yo soy tan culto y erudito como muchos, incluido yo, pensábamos, ni un joven lleno de tatuajes y con la cabeza rapada está alienado de la sociedad, ajeno a la historia, a la cultura, al arte. Dejé de ser profesor por unas horas, para convertirme en alumno.

Mariola Bautista.

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , | Deja un comentario

CRISIS

Acaba de cerrarse la puerta y somos los siguientes. Mientras esperamos, leo un artículo más sobre la crisis. Crisis por aquí, crisis por allí, crisis, crisis y más crisis. La semana que viene nos vamos a Brujas. Disfrutaremos de un merecido descanso  de quince días.

Crisis. Esperamos nuestro turno y entramos en la consulta del Dr. Hernández. Desde el primer momento no me gustó su semblante. Lo conozco desde hace muchos años, siempre ha sido el médico de la familia y cuando mi padre enfermó y nos comunicó la gravedad de su dolencia, tenía el mismo semblante.

Nos sentamos y empezó a hablar. Lo sabía, no había olvidado aquella expresión. Sin embargo, no podía estar pasando de nuevo. No, otra vez no.

Volver a pasar por lo mismo, el mismo calvario, la misma angustia, la misma incertidumbre.

No, además no sería igual; ahora se trata de mi marido, de un hombre joven, de 35 años. ¿Cómo me voy a organizar ahora con los niños, la casa, el trabajo?

¿Y si se muere? Mi padre apenas se mantuvo tres meses más con nosotros.

¿Viuda? Viuda y con dos niños pequeños, una hipoteca…

Verlo deteriorarse poco a poco, verlo sufrir. Los niños no pueden verlo así, deben recordarlo sano y fuerte. Que injusto, tan pequeños y huérfanos.

No podrá estar con ellos en sus cumpleaños, no podrá ver cómo crecen. El Dr. Hernández sigue hablando pero yo no consigo entender una sola palabra, hace tiempo que dejé de escucharlo, mi cabeza va más rápido.

Soy una egoísta, sólo estoy pensando en mí. ¿Qué se le estará pasando por la cabeza? Debe tener mucho miedo; bueno, no, él siempre ha sido muy valiente y se enfrenta con firmeza a las situaciones. No recuerdo ningún momento complicado en el que se haya amedrentado. Siempre hacia delante. Claro que ahora es diferente.

Él va a luchar lo sé, siempre lo hace. Quiere volver a Brujas, donde nos conocimos en un viaje de trabajo. Lo estamos organizando para dentro de dos años.

Los niños serán más grandes y ya los podremos dejar con los abuelos.

Tenemos que volver, lo tenemos pendiente. Él tiene que luchar, yo estaré a su lado, no dejaré que decaiga. No me puede dejar sola. Ahora no, lo necesito más que nunca. Qué egoísta soy, él me necesitará más a mí.

Me toma de la mano y me mira con esperanzas renovadas. Está abierta la puerta, nos toca entrar en la consulta. Dejo la revista encima de la mesa con una amplia sonrisa. Crisis, mi crisis particular y familiar terminó hace unas semanas cuando nos comunicaron que había aceptado muy bien el tratamiento y que había dado mejores resultados de los esperados.

El Dr. Hernández nos espera con una amplia sonrisa, hoy no quiero perderme en mis pensamientos, quiero escuchar cada palabra. Quiero tener mis cinco sentidos preparados para escuchar la frase tan ansiada en estos dos últimos años.

Mariola Bautista

7 mayo 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | 1 comentario

El Testigo

 

Mientras observo el hermoso paisaje del valle desde lo alto de la colina, siento que mi tristeza se torna esperanza. Parece que fue ayer. Cierto es que se trata de una frase muy repetida pero no hay forma de explicarlo de otro modo. Este día tan temido y tan esperado ha llegado.

Recuerdo a mi abuelo sentado a la sombra del árbol, en la orilla del río. Recuerdo cada palabra, cada gesto, cada sonrisa. Me recuerdo a mí mismo con los ojos bien abiertos, muy atento a lo que estaba experimentando en esos momentos. Sin poder salir de mi asombro, tomé el testigo. El descubrimiento que me hacía, la historia que me contó. Tuvieron que pasar días para comprender y ser consciente de lo afortunado que era y de la responsabilidad a la que me comprometía.

Todo lo que soy y lo que he aprendido, todo lo que he conseguido en la vida viene marcado por ese día, que irremediablemente marcaba el día de hoy.

No puedo evitarlo y, al mismo tiempo que siento una especial emoción mientras preparo todo, me embarga la tristeza.

Sé que ella lo perfeccionará, que es quien lo merece. Ella me va a superar con creces y eso me llena de esperanzas y de orgullo. Pero también marca el fin de una etapa altamente gratificante de mi vida. Aunque soy consciente que todo tiene un final, también siento temor de enfrentarme a otras situaciones después de tanto tiempo.

No voy a ser egoísta; mi abuelo no lo fue. No voy a aferrarme a lo que no me pertenece aunque me haya acompañado casi toda mi vida. Ella debe entender que tampoco le pertenece. Lleva varios siglos en nuestra familia, es verdad pero siempre pertenecerá a generaciones futuras.

Ella es quien tomará ahora el testigo y yo quien la guiará en su aprendizaje.

Ahora, a mi lado, observándome mientras se hace miles de preguntas, muchas de las cuales me hice yo a su edad, siento envidia de sus apenas ocho años.

Pero también pienso que compartir sus experiencias y descubrir una nueva visión del mundo a través de sus ojos, es una manera maravillosa de dar fin a una etapa y comienzo a otra.

Mariola Bautista

29 marzo 2009 Posted by | Cuentos, General | , | 4 comentarios