Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Pasillo blanco

“Plic, plic, plic”. El parpadeo del fluorescente, junto con el zumbido, me pone nervioso. “Plic, plic, plic”. No puedo hacerlo callar.  Pienso. No entiendo nada. Llegué a eso de las 20:30, ya son las 2 de la madrugada y aún no sé qué hago aquí. A mi lado hay un montón de periódicos, ignoro si son míos. Habrá unos cinco. Me pregunto quién leerá cinco periódicos al día, un periodista o estudiante de periodismo,  quizá.  Puede que el tipo de al lado fuese periodista y se le hubiese olvidado aquí el material de trabajo. Pero no recuerdo que hubiese ningún tipo al lado. Escucho voces. Al otro lado de la puerta, en la que hay un cartel de “sólo personal autorizado”, alguien murmura algo. Recapitulo: recuerdo que estaba corriendo, recuerdo el sudor empapándome la camiseta, llevo algo en la mano, imposible saber qué. Y ahora me encuentro aquí, en este pasillo blanco y vacío. Cansado de esperar me levanto, paseo un poco. Al otro lado veo uno de esos espejos unidireccionales que permite que los demás te vean sin ser vistos.  El espejo me devuelve la imagen de un tipo alto, enorme, los ojos extraviados, la mirada turbia y penetrante, subrayada por dos cercos oscuros. El mentón, ancho y prominente, está cubierto por una barba de varios días, como si estuviera sucio. El conjunto impresiona un poco. Siento que soy la única mancha en este pasillo impoluto, inmaculado. En ese momento aparece, no muy nítida, un poco difusa por el brillo, al otro lado del espejo, una imagen inexplicablemente aterradora. Me sobresalto. Un hombre con traje negro y corbata me mira fijo e imperturbable, su rostro  parece de piedra. Horrorizado, corro hacia mi sitio, cojo los periódicos y huyo por la escalera de incendios. Al salir sigo corriendo todo lo que puedo (de nuevo la camiseta empapada, el corazón batiendo sangre). Al doblar la esquina paro un taxi y me subo. Le digo la primera dirección que me viene a la mente. La única posible. Ya lejos del centro me tranquilizo un poco. Como para distraerme, cojo uno de los periódicos que he puesto a mi lado y los ojeo. En todas las portadas aparece la foto de un hombre que mira fijamente a la cámara, los ojos extraviados, la mirada turbia y penetrante, el mentón, ancho y prominente, se muestra, ahora sí, desnudo.

Marisol Ramírez

24 enero 2011 Posted by | Cuentos, General | , | Deja un comentario

Pasillo Blanco

La espera, siempre la espera, sin saber muy bien a qué espero, porque esto de esperar me mata. Me mata tanto que puedo matar por esperar, en sentido figurado, claro, soy incapaz de matar a una mosca. Me pregunto por qué me molesta tanto esperar. Quizás sea porque soy una puntual empedernida. Pendiente del reloj, el de muñeca, el del móvil, el de mi coche, el de la calle, estar a la hora fijada; si es a las tres, es a las tres, ¡coño! no a las tres y diez. No, no lo entiendo. Si yo soy puntual, todos tienen que serlo o mejor dicho —no quiero parecer una mujer intransigente—, pueden serlo. Pero los impuntuales siempre tienen una excusa, que si esto, que si aquello, que si lo de más allá; al final, llegan tarde y tú a joderte. ¿Qué puedes hacer?, ¿irte? Eso sería lo más justo, irte, y que se joda el impuntual. Y yo, una hora antes preparándome, como una jodida tonta, ante en espejo. Porque aparte de ser puntual, me gusta salir arregladita, con los labios bien pintados, una correcta sombra de ojos, el preciso colorete, un toque sutil de perfume, la ropita a juego, en fin, coqueta. ¿Pero los impuntuales no pueden dejar de serlo? Yo creo que no, serán como yo, que no puedo hacer esperar a nadie y que siempre acabo esperando, aunque me mate, porque me puede la puta tía correcta que llevo dentro. Aunque para esas ocasiones, tengo remedio, leo, leo, leo y la espera es menos espera, porque leyendo se diluye el tiempo, ¿a ti no te pasa? A mí sí. Y aquí estoy sentada esperando a que alguien me llame para no sé qué, diluyendo la espera de la única manera que sé.

Moisés Morán Vega

24 enero 2011 Posted by | Cuentos, General | , | Deja un comentario

Una grave confusión

Cuántas mujeres embarazadas… imposible, estoy para otra cosa, seguro. Creo que en cuanto me llamen me voy a ir de aquí, sí, preguntaré qué hago aquí y me iré porque ya ni sé qué hago aquí. Se me ha olvidado, soy muy olvidadiza, es lo que tiene este ir y venir sin rumbo y seguir a Javi sin saber muy bien por qué. Cansa. Y cansa fingir y sonreír diciendo que no pasa nada, cuando en realidad lloro por dentro porque me siento sola, y hasta con Javi me siento sola, pero bueno, él me da un poco de hierba y me olvido un poco de eso y de la oficina y de toda esta rutina que otros desearían tener y yo detesto. Ser feliz está sobrevalorado y cada vez veo más gente “afrontando” las cosas con optimismo y con buen humor, cuando eso es morderse la lengua y no desahogarse, que es lo que deberíamos hacer, y buscar soluciones, yo incluida y es tan hipócrita que diga esto, porque soy una cobarde liándome un porrito, esa es mi forma de “afrontar” las cosas, un sentido del humor bastante extraño… ¿Habrán dicho Bea ya? Sí, me parece que… Me iré sin preguntar  nada, a lo mejor es algo grave, con lo que fumo. Debería dejarlo, al menos todo eso que me da Javi, y a Javi, que creo que debería de estar aquí y no está y no sé muy bien por qué he estado con él, y la oficina, siempre he querido tener mi propio negocio, puede que monte un videoclub… ¿Quién es? Se parece pero no es, seguro. Nada más salir de aquí me voy. Ahhh, no sé ni por qué sigo sentada aquí, voy a irme, me compraré unos Chéster y me iré. Ya es costumbre, ya. No creo que entre Javi justo ahora para pasar conmigo adonde fuera que íbamos a pasar, no tengo razones para quedarme. Cogeré la guagua y pasaré por la agencia a ver si me compro el pasaje antes de pasar por casa.

Daniel Marmolejo

24 enero 2011 Posted by | Cuentos, General | , | 1 comentario

EL PASILLO BLANCO

¡Joder! Estamos en este sitio. Me han dicho que venga, pero no me han explicado para qué. Con todas estas personas, que ni les veo la cara. Somos extraños. Me estoy hartando de estar aquí; sentado y sin poder fumar.

¡Qué horror! Esa pared toda blanca, parece la de un cementerio, es deprimente. Augurará algo. Como tarden mucho me voy.

Aquí todos como borregos, inútiles y nadie dice nada. No aparece nadie a decirnos qué ocurre.

A quién se le habrá ocurrido la idea de citarme en este sitio. No sé cuánto tiempo ha pasado. Cuántas horas llevaré aquí y enfrente esa pared blanca fría.

Ese pasillo que se pierde y no veo el final. Esta angustiosa espera sin saber el por qué, para qué.

Ya estoy harto, me voy. No aguanto esta situación estúpida. A la mierda.

 Juana Teresa

 

24 enero 2011 Posted by | Cuentos, General | , | 1 comentario

El pasillo blanco

Maldita zorra. No me llama. La pita sonaba esta mañana. Estoy hasta los huevos de todo. Y encima me pica la barba. Estoy cansado de vivir. Entraré tarde, leches. Esa zorra y mi desayuno. Es igual, ya me tomaré el cortado por ahí. Necesito una putilla.

Pino Cumba

24 enero 2011 Posted by | Cuentos, General | , | 1 comentario

El pasillo blanco

Seguro que no es nada.

Decían que hoy tendrían los resultados. A mi edad, y con mis antecedentes familiares, era de esperar tener que pasar por el servicio técnico antes o después.

Ojalá que la quimio no me deje calva.

No debería pensar en estas tonterías; no tiene por qué ser nada grave. Seguro que es solo algo sin importancia, una chorrada. Yo no sé nada de medicina, y esas… cosas pueden confundirse con mil otras. Voy a intentar  controlarme y no pensar en más tonterías.

Ni tampoco en lo que les pasó a mamá y a la tía.

La enfermera  de la cara seria y antipática tarda en salir. Este sitio huele a hospital y a muerte, y me ha empezado a doler mucho la mano.

Por favor, que no sea nada.

Diego Doro

24 enero 2011 Posted by | Cuentos, General | , | 1 comentario

El pasillo blanco

Qué hago esperando. No sé si tengo que decir algo o entenderlo. Qué blanca la pared, ¿qué hago sentado en este banco?, espero por un juicio o algo similar. Seré testigo, imputado, acusado, culpable, cárcel, a la cárcel no, no he hecho nada malo pero tampoco sé qué hago en este pasillo blanco de juzgado, para ser un juzgado no veo a nadie con toga eso es en las películas ¿van con toga en los juzgados? Ni idea, además no sé siquiera si es un juzgado, parece la consulta del dentista el empaste pero mira tú menuda historia esta, sea lo que sea un juzgado o un dentista no me gusta estar aquí no esperaré a averiguarlo, mejor me levanto y me voy si viene alguien a decirme algo, mejor, así me entero que diablos hago aquí. ¿Dónde está la puerta?

Jose Suárez

24 enero 2011 Posted by | Cuentos, General | , | 1 comentario

Figura solitaria con terraza de fondo

 

 antoniovega_figurasolitariaconterrazadefondo

La camarera deja el café con leche descafeinado que le he pedido en la mesa no tenían de máquina así que me lo ha traído de sobre no me gusta de sobre pero si no hay de máquina cuando no se puede no se puede no se puede y además es imposible dice la mueca de la camarera que es bonita aunque muy joven debe de ser sudamericana aunque apenas dijo dos palabras me pareció que hablaba como alguien de allí cuando me trajo la taza humeante con una pastita pequeña en un envoltorio de plástico rojo y transparente que no pides pero que te traen igual pero da igual porque es distinto a esos restaurantes que cuando pides de comer te ponen pan lo pidas o no lo pidas y luego encuentras que te lo cobran en la cuenta joder qué coño me cobras una cosa que no te pedí si la traes sin habértela pedido es cosa tuya y no me la cobres tío pero claro eso es así y hay que joderse como si se me acerca el perro del tío este que pasa cerca de la terraza joder por qué no tienes más cuidado igual que yo si tuviera perro pero no lo tengo porque en vez de estar paseando chuchos prefiero leerme mis periódicos con mi café con leche eso sí descafeinado que más cafeína no que me pongo nervioso que yo lo que quiero es estar todo zen aunque a veces es difícil con los irresponsables con perros los gritones dominicales joder tío vete a gritar al estadio esta tarde o al bar si pasan por la tele a la unión deportiva pa que se te joda la laringe pegando gritos y con las rubias que pasan en dirección a la playa con la toalla y el bolso al hombro y  las cholas y las gafas esas gafas que te ocultan media cara y que casi valen para eso tanto como un pasamontañas pero que coño vas a ir con un pasamontañas por la calle y menos un domingo como hoy con el calor que hace coño que se me enfría mi café con leche descafeinado y luego no hay quien se lo beba aunque quizás sí con el calor que hace que quizás lo tonto es no pedirlo con un par de piedras de hielo y aquel es Alejandro que pasa también hacia la playa y me saluda con la mano y le saludo con la mano y bajo la vista de la gente que pasa y vuelvo a mi taza que ya no está humeante y a mi periódico que tampoco está humeante pero tampoco me lo voy a beber sino a leer aunque joder lees cada cosa que te hace coger cada calentura y me leo una noticia dos noticias tres noticias cuatro noticias cinco noticias seis noticias siete noticias y después me bebo mi café con leche descafeinado frío así está mejor y pido la cuenta a la camarera con una señal de la mano que escribe en el aire aunque si fuera así el viento se llevaría mis palabras y me da tiempo de leer la octava noticia la novena noticia la décima noticia cuando aparece la camarera y me dice uno diez con desgana y busco en mi cartera engordada de calderilla y de papeles que debería haber pasado a las carpetas los recibos del alquiler de tres meses un justificante de asistencia de un examen varias notas de teléfonos que cogí y que he olvidado para que cogí y no miro más que la camarera tiene más mesas que atender y pone cara de impaciencia y le doy uno diez y se va y cojo los periódicos y me levanto y cuando me voy veo la pastita en el envoltorio transparente y rojo y qué pues que le den por el saco a la dichoso pastita que yo ya me voy.

Antonio Vega

 

22 marzo 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario