Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

MICRORRELATOS

 

 

 El evangelio según Salomé

 Nació en Belén y al segundo día lo resucité.

  Morir de palabras

Érase una vez un anciano contador que, de tan viejo, era también muy sabio. Aquella tarde le bastó pronunciar una única palabra mágica para que su cuento más largo tocara a su fin.

 De dioses y monstruos

Según diversas fuentes de la épica helenística apócrifa, en el Olimpo, cuando todos los dioses quedaron en paro, a Prometeo, el único no afiliado al “Sindicato Divino”, le bastó sólo con levantar el tapón de la bañera oceánica para hundir el INEM.

Nayra Pérez

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21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | 1 comentario

Arabesco en Mi mayor (Logo-Rallye)

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Cuando llegaba la primavera solar y sus ojos volvían a abrirse, podía salir al fin de su refugio. Cazaba sonidos de aquí y de allá, mano en red, con los que luego, sesudamente en su laboratorio, componía nombres que darles a las cosas nuevas que le iban naciendo al planeta gris.

Aquella noche, ya muy tarde, al ver danzando la luna en el solitario picaporte, reparó en algo. Vio ocultarse las luces de neón tras la persiana, pero no logró dormirse sin dar mil vueltas. A la mañana siguiente su rostro reflejaba ya el cansancio de una pregunta imposible. De un día para otro varió su campo de acción, en su ruta de trabajo los valles y las playas fueron sustituidos por las montañas más altas, e igual de abandonada se sintió aquella muchacha que coleccionaba colores de peces, rocas y flores. Y por eso se fue, nadie supo entonces por qué.

Dicen que durante las semanas siguientes, desde el más potente telescopio del observatorio, pudo verse su nave dando vueltas y más vueltas, sin descanso, una y otra vez, alrededor de la Luna, entre Saturno y sus anillos, muy cerca incluso de Urano. Hasta que se le perdió la pista detrás del asteroide B 612. De repente, una extraña claridad arañó violentamente el cielo, encendiendo la noche. Al tiempo que se desataba aquella extraña melodía, al principio muy bajito. Era el sonido del universo.  Siempre estuvo ahí, pero sus notas sólo cabían en las cuerdas del silencio. Acaso un arabesco en Mi mayor.  

 Nayra Pérez Hernández

13 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , , | 2 comentarios