Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Microrrelatos

Mitomorfosis

El chamán se bebe sus sagrados brebajes e  inmediatamente  su felina sonrisa da paso al temido y protector  jaguar.

Ensoñaciones

Me adormezco entrelazada a cálidas y amorosas  serpientes, ellas  sueñan mis despertares, y despiertan mis sueños.

A un potente canarión

Enmarañado de amores, el curtido canarión,  Oidale  Yornom,  aún busca a la fogosa fémina que le asestó esas dos puñaleadas soleadas, una tarde en las doradas dunas de Maspalomas.

Patricia Rojas de Leunda

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21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

La sombrita de los guajalotes

-Por la sombrita, váyase por la sombrita  padrino, que con este sol y tanto tequila el camino se vuelve culebrero. 

No faltaba más que yo no  le hiciera caso, mi hijo, pero ese día, por más que la busque, no encontré sombra, ni tan siquiera sombrita, así que me eché la cobija en la cabeza para estar  más a gustito,  pero ni  aun así pude evitar que se me recalentaran lo sesos  y  ahí mismito  me dio una angustia malosa que se me derramó por todo el cuerpo. 

Dicen los doctores que de tanto calor  pendenciero se me revolvió el entendimiento.  Harto trabajo les costó despertarme, y si le cuento  que ahí nomás alcance a ver a la pelona que entre cirios y flores me hacía carantoñas.

 -Ay, ahijado, pero no era ese mi día, sólo los guajalotes mueren la víspera.

Patricia Rojas de Leunda

12 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | 2 comentarios

Infortunio de un bebedor indebidamente enamorado (Logo-Rallye)

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Esta primavera se presenta voluptuosa, con imaginación exuberante, hinchando todo lo que toca con sutil exquisitez. Pero también tenía días sombríos, como cuando aparecía en escena ese  hombrecito gris, de grasienta cabeza de picaporte.

Este hombrecito ensombrecedor de primaveras continuamente trataba de ocultarse,  aunque  siempre  lo delataba ese olor  a vino que llevaba pegado en su cuerpo. Sobresalían en  su rostro afeado unos ojos saltones con  mirar de sapo mareado.

El tambaleante hombrecito   se recreaba  contemplando a la hermosa muchacha que vive alrededor de la placita de los Imposibles, en una casita olorosa a dicha, justo detrás de la taberna con   hondas barricas de roble llenas de espumosos vinos.

Una tarde, la muchacha, cansada de tanto ser mirada,  esperó al etílico  enamorado cerca de la taberna,  y  lo acribilló con balas de olivas negras y,  así aceitunado, lo arrojó al vinoso lago.   Inmediatamente la claridad  se adueñó del paisaje.  Ni la primavera ni la muchacha le guardaron duelo.

Patricia Rojas de Leunda

7 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | 3 comentarios

Corazón invendible

En el mercadillo de la plaza, entre los cachivaches invendibles, dejaron tirado, tu guerrero corazón. Esperando, quizás, un insensato comprador.

Patricia Rojas de Leunda

10 mayo 2009 Posted by | Cuentos, General | , | 4 comentarios

Domingo

-Cálmate ventarrón,  ¿qué es lo que te pasa?,  vos últimamente no andas en nada, mira que ni ganas de hembritas tenés. Más bien vení, y nos vamos a azotar baldosa al Abuelo Pachanguero.

-Déjate de embelecos, vos no tenés por qué venir a meterme bulla,  además tengo que resolver  un torcido muy fregado. Necesito que me ayudes; anda párate en la esquina de las Pontón y abrí bien esos ojos, ya que quiero que me avises cuando venga el mal nacido de Benavidez.

-Uuuuuy loco, ese mancito es de cuidado, oís, tenés que bajártelo de una,  además siempre anda en bicicleta.

 En cuanto su sobrino salió, vi cómo apoyaba su arma en el palo de billar.  Me mandó a entornar la puerta del café,  me pidió una Club Colombia bien helada y me dijo:

-Mira, ve, cuida que la puerta esté despejada. 

         ¡Qué carajo!, de un tiro limpio lo dejó frito, y aún estaba calientito el tipo, cuando  se jugó las mejores carambolas  que he visto. 

        Aunque tenía nombre  festivo, nadie lo oyó soltar  una carcajada en su jodida vida.

Patricia Rojas de Leunda

4 mayo 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | 4 comentarios

Huecos

Ese día saldrás temprano a buscarte la vida en la inmensa ciudad llena de huecos.

Caminarás con precaución, como sueles hacerlo desde que comprendiste el peligro que corres si pierdes el paso una sola milésima de segundo.

Al desembocar en la larguísima calle de Los Desamparados, una bocanada de aire caliente te chamuscará la mirada, perderás el ritmo, y te hundirás en un inmenso hueco que la sofocante humareda no te permitirá ver.

La ciudad cumplirá su cometido.

    Patricia Rojas de Leunda

20 abril 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | 3 comentarios

La biblioteca trotante

Quiero contarte que han pasado muchos años desde que dejé de ser uno de esos niños de grandes ojos redondos y barriga panzuda. Pero sólo hace poco supe que aquel duende que nos sigue encantado con sus relatos se llama Luis Humberto Soriano, y es un sencillo maestro de primaría que siente una arrebatadora pasión por la literatura.
Cuando el llevar relatos de aldea en aldea le pareció poco, se propuso la tarea de formar una biblioteca con patas, grandes orejas y cola. Creó la Biblioburro.
Empezó su biblioteca trotante con dos resabidos asnos: Alfa y Beto, quienes, con sus alforjas rebosantes de volúmenes, cabalgan su sabiduría por estas calurosas tierras caribeñas.
Soriano, con su sombrero vueltiao y sus zapatos rotos, es el duende libro que cruza veredas y arroyos, y que ahora, con la ayuda de sus orejudos libreros, recorre los polvorientos caminos, desparramando textos por las ramas del Dividivi.
Con su biblioteca andante, alegra las penas de los adultos sin infancia, y llena de goce la vida de los niños de estos tiempos.

Patricia Rojas de Leunda

20 abril 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | 2 comentarios

Los niños y el pícaro duende

En un remoto poblado de un ardiente país, cada 23 de abril aparece  un duende con una enorme maleta repleta de cuentos. Los niños de grandes ojos redondos y barrigas panzudas, lo esperan ansiosos bajo la sombra de alguna corpulenta ceiba. Ese día, el  duende pícaramente se adueña del espacio y del tiempo, y entonces los niños de grandes ojos redondos y panzudas barrigas, se quedan inimaginablemente sonrientes y sin hambre, mientras el travieso duendecillo narra deliciosas historias que se van con el viento, de pueblo en pueblo hasta el confín del universo.

 
Patricia Rojas de Leunda.

11 marzo 2009 Posted by | Cuentos, General | , | 5 comentarios