Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Día de tormenta

El día empezó gris, y a media mañana los cielos ya andaban de mudanza. Se agolpaban las nubes y sonaban los estruendos de sus choques como rugidos de fieras encerradas. A principio de la tarde el viento se apropió de la tierra, curvó los árboles, peinó la hierba y recorrió las callejuelas en su búsqueda enigmática y minuciosa. Cerré puertas y atranqué ventanas; las holguras de las bisagras hicieron que, en su agitación, las hojas acompañaran la tormenta con repique de tambores. A las pocas horas sonaron en la puerta cinco toques con perfecta sincronía. Aquello sonaba a llamada y no como fruto del vendaval. Abrí y mi hermano pequeño entró con el aliento del que huye de algo.

—Vengo a pedirte cobijo —me dijo—. La tempestad se ha llevado mi casa.

—Tienes la ingenuidad propia de tu juventud —respondí—. No se puede llamar casa a un montón de ramas y telas tendidas entre dos árboles.

Le llevé a la cocina y pedí su ayuda para preparar la cena. Por los espacios diminutos que dejaban las hojas en su unión con los marcos entraban en la casa hebras de aire que movían con dulzura las llamas de los fogones. El huracán continuaba con sus intentos de derribo y se quejaba de la lucha infructuosa contra los muros de piedra con gritos que erizaban la piel. No había pasado mucho rato cuando la puerta retumbó con un palmoteo urgente. Dejamos entrar a mi segundo hermano y entre los tres impedimos que el viento invadiera la casa, empujando la puerta con la fuerza de nuestros hombros.

—Necesito tu asilo, hermano —me dijo—, la tormenta ha derribado mi casa.

—Atrevida es tu inexperiencia —le contesté—. No existe otra razón por la que te empeñes en llamar casa a unas maderas mal sujetas que ni a cabaña aspiraban.

Compartimos la cena y reímos al evocar recuerdos de la infancia en el hogar de nuestros padres. Afuera, el ciclón gritaba la rabia que le nacía por lo inútil de su esfuerzo.

Pedro Conde

Anuncios

14 mayo 2012 Posted by | Cuentos, General | , , , | 6 comentarios